En medio de la crisis climática y los episodios de contaminación que afectan al país, en especial a la RM, los árboles urbanos cumplen un rol clave para construir ciudades más sanas, resilientes y preparadas para el futuro.
Durante los últimos días, Santiago volvió a estar en el centro de la conversación ambiental. La capital apareció entre las ciudades con peor calidad del aire a nivel mundial, en un contexto marcado por constantes alertas ambientales en la Región Metropolitana y por la presencia de material particulado fino.
Esta realidad no es nueva, pero sí cada vez más urgente. En Chile, y particularmente en la zona central, la crisis climática no solo se expresa en sequías, incendios forestales o altas temperaturas. También se siente en nuestras ciudades: en el aire que respiramos, en las olas de calor, en la falta de sombra, en la desigual distribución de áreas verdes y en la forma en que los barrios enfrentan los efectos del cambio climático.
Los árboles en la ciudad son infraestructura verde. Son una herramienta concreta para mejorar la calidad de vida de las personas y para adaptar nuestras ciudades a los desafíos ambientales que ya estamos viviendo.
Árboles que ayudan a limpiar el aire
Uno de los grandes aportes del arbolado urbano es su capacidad para contribuir a la filtración de contaminantes. Los árboles grandes actúan como filtros naturales, capturando partículas finas como polvo, suciedad y humo en sus hojas y cortezas. En ciudades como Santiago, donde el material particulado es uno de los principales problemas de contaminación atmosférica, esta función se vuelve especialmente relevante.
Cada árbol urbano bien elegido, bien ubicado y bien mantenido aporta a construir un entorno más saludable para quienes viven, estudian, trabajan y se desplazan por la ciudad.
Más sombra, menos calor, mejor ciudad
La crisis climática también está haciendo que nuestras ciudades sean cada vez más calurosas. Las superficies de cemento, asfalto y edificios absorben calor durante el día y lo liberan durante la noche, intensificando las llamadas islas de calor urbanas.
En ese contexto, los árboles cumplen otra función esencial: regulan la temperatura. Su sombra, transpiración y presencia en calles, plazas y parques ayudan a refrescar los espacios públicos y a hacerlos más habitables. De hecho, la ubicación estratégica de los árboles puede reducir significativamente la temperatura del aire, entre 2 y 8 grados Celsius.
Naturaleza cerca de las personas
En Reforestemos creemos que la restauración no ocurre solo en grandes paisajes naturales. También ocurre en la ciudad, en los barrios, en las veredas, en los colegios, en las plazas y en los espacios donde las personas viven su día a día.
Por eso, desde 2018 impulsamos nuestro Programa de Arbolado Urbano, con el objetivo de acercar el acceso a áreas verdes y mejorar la calidad de vida de comunidades, especialmente en comunas donde la falta de vegetación refleja también una forma de desigualdad ambiental.
¿Por qué árboles nativos?
En este desafío, no cualquier árbol da lo mismo. Elegir especies nativas permite fortalecer la biodiversidad local, entregar alimento y refugio a aves e insectos, y evitar impactos asociados a ciertas especies exóticas que pueden afectar los ecosistemas o generar mayor carga polínica en el aire.
Los árboles nativos están conectados con el territorio. Son parte de nuestra identidad natural y cumplen un rol clave en la recuperación ecológica, incluso dentro de la ciudad.
Plantar hoy para respirar mejor mañana
Cada árbol urbano puede entregar sombra, capturar partículas, refrescar una calle, absorber gases contaminantes, favorecer la biodiversidad y transformar un espacio gris en un lugar de encuentro. En tiempos de crisis climática, plantar y cuidar árboles es una acción concreta por el presente y futuro de nuestras ciudades.
En Reforestemos seguimos trabajando para llevar más naturaleza a los territorios, también dentro de las ciudades. Ya sea a través de voluntariados corporativos, ciudadanos y con vecinos, así como plantando árboles que se aportan en reforestemos.org de manera individual. Porque restaurar también es volver a mirar el lugar donde vivimos y preguntarnos cómo queremos habitarlo.