Desde el desierto hasta la Patagonia, las áreas silvestres protegidas resguardan algunos de los ecosistemas más valiosos de nuestro país. Conservarlas y restaurarlas es una tarea colectiva en la que todas las personas podemos participar.
Cuando pensamos en las áreas silvestres protegidas de Chile, probablemente imaginamos montañas, bosques, lagos, volcanes y glaciares. Paisajes extraordinarios que forman parte de nuestra identidad y que cada año reciben a miles de personas que buscan conectarse con la naturaleza.
Pero estos territorios son mucho más que lugares para visitar. Los parques nacionales, reservas nacionales y monumentos naturales son refugios esenciales para nuestra biodiversidad. En ellos habitan especies de flora y fauna nativa, se conservan ecosistemas únicos y se desarrollan procesos naturales fundamentales para la vida: la regulación del agua, la protección de los suelos, la captura de carbono y la adaptación frente a los efectos del cambio climático.
Actualmente, CONAF administra 110 áreas silvestres protegidas del Estado, entre parques nacionales, reservas nacionales y monumentos naturales. En conjunto, abarcan cerca de 18,8 millones de hectáreas, equivalentes aproximadamente al 21% del territorio nacional.
Un patrimonio natural que sostiene la vida
Desde los ecosistemas del altiplano hasta los bosques templados y la estepa patagónica, la diversidad geográfica de Chile permite la existencia de una riqueza natural excepcional.
Las áreas protegidas ayudan a conservar una muestra representativa de estos ecosistemas y de su diversidad genética, además de mantener o recuperar los servicios que la naturaleza entrega a las personas. También cumplen un importante rol educativo, científico, cultural y recreativo, y contribuyen a preservar elementos profundamente ligados a la identidad de las comunidades y los territorios.
Son lugares donde la naturaleza puede seguir desarrollando sus ciclos, donde especies amenazadas encuentran refugio y donde los bosques cumplen silenciosamente funciones que benefician a toda la sociedad, incluso a quienes viven a cientos de kilómetros de ellos.
Por eso, proteger estas áreas no significa solamente delimitar un territorio. También implica cuidarlo, monitorearlo y, cuando ha sido afectado por incendios, degradación u otras amenazas, trabajar activamente por su recuperación.
Restaurar también es proteger
En Fundación Reforestemos creemos que la conservación y la restauración deben avanzar de la mano. Porque proteger un ecosistema también significa ayudarlo a recuperar su capacidad de sostener la biodiversidad, conservar el agua, proteger el suelo y enfrentar un escenario climático cada vez más desafiante.
A lo largo de nuestra historia hemos desarrollado y apoyado iniciativas de reforestación y restauración ecológica en distintas áreas silvestres protegidas del país, entre ellas:
- Parque Nacional Torres del Paine
- Parque Nacional Nonguén
- Parque Nacional Cerro Castillo
- Monumento Natural Dos Lagunas
- Reserva Nacional Malalcahuello
- Reserva Nacional Coyhaique
- Parque Nacional Patagonia
- Reserva Nacional Futaleufú
Estos proyectos se extienden desde la Región del Biobío hasta Magallanes y representan ecosistemas muy distintos entre sí, pero unidos por un mismo propósito: recuperar y conservar el patrimonio natural de Chile para las generaciones presentes y futuras.
Cada territorio tiene características, necesidades y desafíos particulares. Por eso, la restauración ecológica requiere conocimiento técnico, planificación, seguimiento y, sobre todo, colaboración entre instituciones públicas, organizaciones, empresas, comunidades locales y ciudadanía.

Una tarea en la que todos podemos participar
Las áreas silvestres protegidas pertenecen al patrimonio de todo el país. Aunque no todas las personas puedan visitarlas o trabajar directamente en su conservación, sí pueden contribuir a proteger los ecosistemas que hacen posible la vida.
A través de Reforestemos.org, puedes sumarte a proyectos de restauración de bosques nativos en distintas regiones. Tu aporte nos permite continuar recuperando ecosistemas de alto valor y construir alianzas capaces de generar cambios reales y permanentes.
Porque proteger la naturaleza es también proteger nuestro futuro.